Allí estabamos, a distancia, sin duda, en las mismas condiciones de agradable incertidumbre y expectativas, y ambos sosteníamos nuestros corazones en la mano, rosados y palpitantes y preparados para el placer y el dolor, y estábamos a punto de arrojarnos los corazones a la cara del otro como bolas de nieve o pelotas de criquet (¿cómo?) o, pasa ser más precisos, como si fueran enormes heridas sangrantes: Toma mi herida. Porque la última cosa en la que pensamos en un momento así es que él (o ella) dirá: Toma mi herida, por favor, arranca el arpón de mí. No, nada de eso, uno simplemente espera librarse del propio.
Doris Lessing, Cómo perdí al fin mi corazón, Cuentos europeos
Y la respuesta a la cavilación inútil podría estar aquí, en este fragmento de un cuento, en la genial técnica narrativa de Doris Lessing.
qué palabras...
Doris Lessing es totalmente recomendable. Su capacidad de expresión me deja atónita cada vez que la leo.
1 saludo
Está en mi lista de próximas lecturas, gracias por la recomendación :)
me gusto mucho la cita de lessig, nice
Buff para ponerse horas a hablar de ello, tremendo y extremadamente certero. Pero no creo que el amor llegue a ser de verdad amor hasta que te preocupe de verdad el harpón del otro.